Recibía muchas visitas, pero tenía
la sensación que algunos solamente llegaban en su cuerpo, nunca en
su espíritu. Que lo que les quedaba después de la visita era una
opinión acerca del orden en la casa y sabor de lo que se les ofreció
en la mesa. No quedaba casi nada de las conversaciones ni de las
vivencias compartidas. Ella les abría el corazón y ellos no eran
capaces ni de prestarle un mínimo de atención. Al procurar a acoger
sus invitados y hacerles partícipes de sus alegrías y fracasos
sentía que la visitaban de la misma manera de como se visita a un
museo o una exposición. Mirando, clasificando, juzgando, pero nunca
sintiendo. Por suerte no todos eran así, los otros cuando ella les
abría la puerta, ellos le abrían el corazón. Cuando visitas a una
persona, intenta encontrarla realmente y no solo visitar el lugar en
el que vive, trabaja o se encuentra. Dale y date tiempo suficiente
para hablar y escuchar. Que ninguna cosa, ninguna pantalla llame más
tu atención que sus palabras, sus ojos y sus historias. Respeta el
tiempo sagrado de encuentro.
Feliz martes de visita y encuentro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario