A Marcela le pasaba una cosa
curiosa. A veces extrañaba muchísimo a aquella persona tan querida.
Nunca decía que era su vida. Ella tenía la vida propia y nunca
quiso depender de nadie. Eso si esa persona era parte de su vida. No
sabía precisar bien que era lo que extrañaba tanto. Si eran sus
palabras o sus silencios oportunos. Tal vez simplemente aquella tenue
sombra de su presencia y la seguridad de que cuando pronunciara su
nombre, no se quedará sin respuesta. Sabían estar el uno sin el
otro, pero estando así, no sentían ni la soledad, ni el abandono.
En la ausencia no se angustiaban ni forzaban a mantener un contacto
constante. No existen sustitutos de la presencia cuando incluso
estando juntos aparece la fría sensación de ausencia. No pretendía
que la otra parte fuese el fiel espejo de sus gustos y deseos. Para
cada uno hubo espacio y libertad. Las diferencias perfectamente
cabían entre ellos. Poco pronunciaban aquella palabra que les unía,
pero la vivían en cada cosa que hacían. Pudiendo estar
perfectamente solos decidieron ser el uno con el otro y el uno para
el otro sin esclavizar.
Feliz lunes de estar con y estar
sin...

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