En algún rincón de su memoria lo
tenía bien guardado, aquel recuerdo de la felicidad, pero en el otro
rincón muy a la mano tenía guardado aquel otro recuerdo de un daño,
de una ofensa. Cada vez que quería podía llagar a alguno de estos
rincones y rescatar lo que en ellos estaba escondido. Lo hacía según
su conveniencia. Las cosas se pueden guardar y así no estorban, y se
las saca solo cuando las necesitamos. Hay que revisar bien su
utilidad en nuestra vida, en esta etapa por la que uno está pasando.
Lo bueno siempre refuerza, anima, da claras pistas por donde caminar.
Lo malo sirve como advertencia, aviso por donde no se debe pasar.
Convierte tus errores en experiencias que te dan más claridad y te
permitan evitar caer de nuevo en las mismas trampas. No hagas de
ellos el refrán de tu vida, que se repite después de cada estrofa.
Feliz lunes de revisar bien los
rincones.

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