No era de muchas palabras, pero
tampoco era una persona callada. No se tragaba las palabras, ni los
sentimientos, los procuraba expresar clara y sencillamente. Cuando
llegaba a hacerlo solo pedía una cosa: que la escuchen sin
interrumpir, que respeten lo que dice sin polemizar y que no se
apuren en expresar sus opiniones. Ya no era aquella alumna que
esperaba notas de sus profesores. La molestaban los sabelotodo que
nunca faltan, los que no tenían paciencia de esperar hasta que
termine y los que no sabían respetar sus puntos de vista. Los que
por su propia inseguridad detestaban la diversidad. Si uno habla es
para que lo escuchen. Una básica regla de conducta que se nos olvida
con demasiada frecuencia. En la casa, en la familia, en la pareja.
Trata de escuchar y respeta a los que te hablan, aunque no estés de
acuerdo con ellos.
Feliz jueves de atenta escucha.

No hay comentarios:
Publicar un comentario