Esperaba con ansiedad este día en
el que lo que verá con los ojos abiertos se asemeje a lo que ve con
los ojos cerrados. Por el momento los dos mundos estaban a la
distancia de muchos suspiros. No era una distancia insalvable,
imposible de atravesar, pero necesitaba mucha claridad. Secar las
lágrimas que surcaban sus mejillas y sacar de los recovecos de la
vida lo escondido, decir lo no pronunciado. Siempre hay cosas que
ocultamos a los demás, tenemos para eso diferentes razones ciertas e
inciertas, pero también hay cosas que ocultamos a nosotros mismos y
eso nos complica las cosas. Nos damos cuenta de su existencia en los
momentos menos oportunos. Salen como fantasmas cuando estamos a
punto de vivir algo hermoso. Son como arena que se mete en los
engranajes de la vida y lastima, obstruye el libre movimiento. Si
conseguimos de liberarnos de las trabas que nos ponemos y nos frenan
tanto, llegaremos a acercar los dos mundos, el de los sueños al de
las realidades.
Feliz viernes de acercar nuestros
mundos.

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