Lorena tuvo miedo de los vacíos que
le dejaban las personas que se marchaban de su vida. Dolían y
retumbaban mucho estos espacios vacíos. Algunas veces intentaba
desesperadamente rellenarlos con otras personas que llegaban a su
vida. Por un rato la distraían, ocupaban su atención, pero luego
empezaban a molestar. No eran, ni de la misma talla, ni del mismo
carácter, que las que se iban. El remedio parecía peor que la
enfermedad. Y como si fuera poco, aparecía esta molesta sensación
de traicionar la memoria mezclada con el absurdo miedo de olvidar
algo que se debería guardar en la memoria. No trates de llenar los
espacios que dejan otros. Deja que sus recuerdos retumben en el
silencio. Que te digan todo aunque a veces duela un poco. Haz de tu
aparente soledad, una compañera que te permitirá conocerte mejor y
encontrar personas que necesitas a encontrar, ya no para ocupar lugar
de alguien, sino para abrirte nuevos mundos, nuevas realidades. Cada
persona que encontramos engrandece a nuestro mundo, cada una tiene su
tiempo, su espacio y su papel. Se atenta/o a cada persona, a cada
encuentro.
Feliz lunes de personas y espacios.

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