Ya era mucho el dolor que ha sentido. No es que era tan sensible, esta
cantidad que le ha tocado de golpe puede derrumbar a cualquiera. Tenía que
sacar afuera lo que tanto apretaba dentro. Y lo peor de todo que no sabía a
quién a decir todo lo que sentía. Las últimas veces que lo ha intentado,
siempre le ha interrumpido la melodía del timbre que avisaba el mensaje al
celular de la persona que supuestamente la escuchaba. Después la ansiedad en
los ojos y los gestos de disimulo para ver el mensaje aunque sea a escondidas,
dejando en segundo plano a ella y a sus problemas. Puede ser que muchas veces
no sabemos qué decir ni que consejos podemos dar, el problema mucho más grave
es que perdemos la capacidad de escucha, concentrados, atentos y respetuosos,
dejando a un lado todo que nos pueda interrumpir y distraer. No le des la
espalda a quien te quiere hablar porque deposita en tu toda su confianza y tal
vez eres la última persona que le puede aliviar sus penas.
Feliz martes de escucha.

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