domingo, 11 de septiembre de 2016

La distancia y las lágrimas

Lloraba con frecuencia. Tenía miedo que la califiquen de llorona. Casi siempre lloraba por lo mismo. Lloraba por la distancia. A veces la distancia de sus seres queridos y otras veces de las cosas que amaba, actitudes que buscaba, que sentía falta. Las distancias crean la sensación de ausencia que no siempre es cierta. Las lágrimas se vuelven arroyos, ríos y mares por los que queremos cruzar a la otra orilla. Mientras más posibilidad de comunicación tenemos, más aprendemos a valorar un abrazo, un beso, una mirada en los ojos, directa y no a través de la pantalla. La cercanía empieza a tener otro sabor, otra dimensión. Su búsqueda, su espera se convierte en la fuerza que permite a esperar lo que sea necesario. Sobrepasar los posibles crisis y momentos de desanimo. Hace que la familia sea más familia y la pareja más pareja. Cuando aparezcan las lágrimas permítales que limpien más el camino del encuentro y hagan transitable la distancia.

Feliz domingo de cruzar la distancia.

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