No podían caer lejos de aquí aquellas lágrimas de ausencia. No,
no era ausencia de personas, aunque a varias ha extrañado mucho y
esperaba encontrar pronto, era ausencia de la fuerza. Sus lágrimas
marcaban la distancia de aquella fuerza que se le había ido.
Necesitaba urgentemente encontrarla, no era cualquier fuerza, sino
una de aquellas que alcanzan hasta el final. Es que últimamente
frente a las dificultades no podía, no sabía y sentía que se
estaba desesperando. Al no ver por dónde, esperaba una fuerza que la
pueda empujar en dirección correcta, pero esa fuerza todavía no ha
llegado. No es suficiente que le empuje, la inercia no soluciona los
problemas. Es necesario que la fuerza la acompañe, haga sus pasos
más seguros y se vuelva un paño de lágrimas, que si ya le toque
caer que sean de emoción de presencia y no del vacío de la
ausencia.
Feliz martes de fuerza que acompaña.

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