Tantas veces en medio de las alegrías y las tristezas se paraba
en seco suspiraba y cortaba el silencio con la desesperada pregunta
¿Hasta cuándo? Se obsesionaba queriendo saber que duración puede
tener cada situación en su vida. Aunque parece bastante justificable
la pregunta cuando se refiere a prolongados periodos de dificultades
y sufrimientos, sorprende cuando se refiere a la felicidad. Puede ser
que todo tiene su principio y su final, pero en nada ayuda la espera
angustiada. Cuando hay dificultades hay que ver cuáles de ellas uno
puede enfrentar solo para cuales tiene que pedir ayuda de otros y
cuales superan nuestras posibilidades y hay que reconciliarse con
ellas. Mientras que cuando se trata de la felicidad en vez de esperar
su posible final hay que vivirla y hacer todo lo posible para que
dure más, saber alimentarla y esparcir en todas las cosas pequeñas
de cada día. No preguntarse cuando apenas está brotando cuando se
va a terminar.
Feliz miércoles sin angustias.

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