Tenía días sombríos pero también
días llenos de luces y flores. A pesar de los pesares una sonrisa
que le apareció en su rostro mirando una flor rebotó de la flor y
se posó en el rostro de otro transeúnte sumergido en su mundo de
problemas y prisas. Le pasaba lo mismo cuando veía un paisaje o
escuchaba una música. Al principio medio se asustaba con el famoso
“que dirán”, “que pensarán” si me ven sonriendo así.
Mientras más sonreía más se relajaba su rostro se veía más joven
y sus sonrisas rebotaban en todas las direcciones. Se volvía una
persona luminosa que encontrada, era capaz de desinflar las
discusiones tensas y llevar la calma a personas agitadas. No tengas
miedo de que tu sonrisa se pueda escapar y rebotar por las cosas
bellas que te rodean. Nunca va a hacer daño a nadie sonreír un poco
más.
Feliz martes de sonrisas que
rebotan.

No hay comentarios:
Publicar un comentario