Muchas veces ha dicho que su vida es
muy gris, que no tiene sabor, ni color, que vive en la penumbra. Lo
decía rodeada de una naturaleza que cantaba el canto a la vida de
una primavera que se asomaba. No era su mundo gris en absoluto, era
su visión la causa de semejante percepción de las cosas que la
rodeaban. Algo que ha vivido, algo de su pasado, tenía atrapada su
mirada, era como un filtro que no permitía que la vida, la luz del
futuro entre dentro de ella iluminando el pasado e incluso ocupando
su lugar. Aunque tantas veces nos quejamos, en el mundo que nos rodea
hay tantas cosas bellas, que están esperando para ser vistas,
admiradas y para alegrar la vida, llenándola de colores y sabores.
Si eso no ocurre, el mundo no tiene la culpa. Tenemos que revisar con
cuidado cual es el problema, el filtro que se ha instalado en nuestro
modo de ver las cosas, el mundo y la vida misma. Desinstalar las
cosas que impiden ver las maravillas a nuestro alrededor.
Feliz sábado sin filtros grises.

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