Es sorprendente hasta qué punto se
puede extrañar y cuanto cabe en un extrañar profundo. Se extraña
lo que siempre se ha querido. Es obvio que se extraña a personas y
encuentros. Lugares y momentos. Se extrañan paisajes aromas sabores
y colores. Lo más extraño que a veces hasta se extrañan cosas que
antes se criticaba, no soportaba. Es que todas ellas forman parte de
la realidad que se ha vivido, de las experiencias que se ha tenido.
Eso me pasa con México y con Paraguay. Sé que no todo fue perfecto,
mucho fue mejorable, pero todo ayuda en un crecimiento un aprendizaje
que nunca se termina. A veces el orgullo la soberbia a uno le hace
una mala jugada. El tiempo suele volverse en el mejor maestro que
enseña con paciencia y sin prisas. Mientras más avanzamos en el
camino, más se nos aclaran los sentidos, los sentimientos, las
razones, aparece cada vez más claramente el hilo conductor de todo
el proceso que nos transforma y enriquece siempre y cuando nos
dejamos a educar por la vida con sus experiencias y por la gente
encontrada. En ese extrañar de cada día también hay mucho
aprendizaje. Se aprende a valorar. Sé que solo es el principio, que
habrá mucho más.
Feliz sábado de añoranza.

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