A veces le costaba mucho decidirse. Era más fácil
dejarse llevar por lo que decidía la mayoría, por lo que decidían otros. La
indecisión normalmente no venía sola, iba acompañada de la pasividad,
inmovilidad. No podía ubicarse, decidir cuál era su mundo, de qué lado de la
puerta deseaba estar, cuál era el mejor lugar para ella. Siempre existe una
alternativa y lo nuestro es elegir lo que más se asemeja a nuestros principios,
valores, gustos y necesidades. Nada será perfecto mientras cargamos con todo el
equipaje de la vida, marcada por las experiencias, salud y los años. Al no ser
perfecto no significa que sea malo, que tiene que ser rechazado. Mejor intentar
aunque cometamos errores que cubrirse de telaraña de la interminable espera de
una buena ocasión que nunca llega, no porque no exista sino porque nosotros no
nos decidimos a intentar.
Feliz jueves de decidirse por algo.

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