Tanto se han acostumbrado que ella puede
que no les pasaba por la mente la pregunta si ella quiere, si tiene
fuerzas o ganas de hacer las cosas que ellos le exigían. Ella se
callaba aceptando nuevos pedidos. No lo hacía a regañadientes lo
hacía con amor. Un amor que a veces le hacía olvidar su
responsabilidad de enseñarles a participar en los trabajos de la
casa. Valorar y agradecer el trabajo de otros. Ellos muy obedientes y
hasta cierto punto muy educados; sabían dónde hay que poner ropa
sucia y donde está la limpia, a qué hora está puesta la mesa y
lista la comida. Lo que ignoraban, como se lava, cocina, limpia,
plancha y ordena. Estás cosas desde que tenían el uso de razón
siempre estaban hechas. Comparte los trabajos, involucra, enseña a
hacer y valorar el trabajo hecho. Les ayudaras enfrentar la vida sin
miedo ser agradecidos y valorar el trabajo de otros. Claro es un
proceso largo pero vale la pena hacer el esfuerzo. Te convendrá a ti
cuando tus fuerzas empiecen a fallar y a otros que convivirán con
ellos.
Feliz sábado de enseñar a hacer y a
valorar.

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