La habitaban muchas palabras. No les dejaba de
salir afuera, por el miedo que tenía que puedan robárselas. Las palabras eran
inquietas, algunas hiperactivas muy juguetonas, encendían brillo en sus ojos y
inflaban sus pulmones para escaparse entre suspiros profundos pegadas a algunos
ayees o algunas monosílabas. Durante el día era mucho más fácil a cuidar
aquellas palabras juguetonas y rebeldes, pero durante la noche en sus sueños se
paseaban a sus anchas se dejaban a pronunciar una y otra vez. Nadie las podía
controlar. En la noche se sentía libre, no vigilada, tampoco tenía que dar
explicaciones o ruborizarse. De vez en cuando revisa ¿cuáles son las palabras
las que te habitan? ¿Cuales dan vuelta en tu cabeza en una noche de insomnio o
se pegan a tus sueños y suspiros? Libera algunas de ellas. Si puedes mira ¿de
dónde han venido a tu vida? Así descubrirás su origen, su razón de ser.
Feliz martes de palabras que nos habitan.

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