viernes, 16 de marzo de 2018

La sospecha

Siempre se ha cuidado. Sabía que es más fácil prevenir que curar. Se cuidaba y hacía todo lo posible para no entrar en contacto directo con los virus y bacterias. Eso de no entrar en contacto era un propósito exagerado, sabía que era imposible conseguir eso, que el mundo no es estéril. Se trataba más bien hacer todo lo posible para que el contacto con estos microorganismos no la afecte. Su sistema inmunológico funcionaba a perfección. Así que no entendía como se había contagiado con la sospecha. Ésta estaba invadiendo todo su cuerpo. Afectaba su vista. Empezaba ver cosas sospechosas, miradas sospechosas y gestos sospechosos. También afectaba seriamente su audición. Escuchaba conversaciones, palabras, y risas sospechosas. Lo mismos pasaba con otros sentidos. Hasta la comida tenía un sabor sospechoso. Nadie nos puede inmunizar de las sospechas, algunas veces pueden ser justificadas, pero tenemos que tener cuidado que no nos provoquen una septicemia. La infección generalizada por una toxina de sospecha que envenena y destruye toda la convivencia todas las relaciones.

Feliz viernes cuidado con la sospecha.

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