Al miedo no le gustaba estar solo. Siempre buscaba
alguna compañía. Así que había personas que vivían solas con miedo. Y como
tenían mucho espacio en su casa, les cabía mucho miedo. A veces se mudaba para
pasar un tiempo con una pareja. La pareja tenía miedo de soledad por eso se
quedaban juntos, pero siempre con miedo. El miedo era muy flexible se acomodaba
a cada lugar, espacio, rincón. Ahí estaba algo callado, pero siempre presente.
Gracias a sus ganchitos de dudas era muy pegajoso. Capaz de pegarse a cada
situación, a cada decisión. Como le gustaba la compañía quería que se le preste
toda atención y era muy exigente y absorbente. Se volvía muy celoso e inventaba
las más increíbles excusas. No le hagas tanto caso. Su existencia es necesaria,
porque te invita a la prudencia, pero no le des el lugar que no le corresponde.
Que no tenga en tu vida en tus decisiones la última palabra, que no sea el más
importante consejero. Ponle en su lugar y no permitas que ocupe demasiado
espacio.
Feliz miércoles de poner miedo en su lugar.

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