viernes, 11 de mayo de 2018

Calidad sin tanta cantidad

Sus prisas corrían delante de él despejando el camino y lo empujaban por atrás. Tanta era la velocidad que a veces hasta le daba mareos. No se paraba casi frente a nada ni a nadie y nada se quedaba grabado en sus pupilas por más que un instante. Incluso su descanso parecía acelerado apurado. Es que pensaba que teniendo prisa hará más, era posible, aunque a la vez poco probable. Si tenía mucha suerte y hacía más era siempre a coste de vivir menos. Según el viejo dicho que trabajamos para vivir, pero no vivimos para trabajar. La tensión, la insatisfacción, la angustia, desesperación, repetidos errores en cosas simples, son el precio que nos toca pagar por tanta prisa, tanta aceleración. No es fácil frenar., pero es necesario. Tal vez antes de hacerlo con toda la calma y serenidad a nuestro alcance deberíamos evaluar cuanta cantidad y cuanta calidad hay en nuestra vida y de paso también en nuestro trabajo. Si la calidad disminuye es la señal de alarma, porque con ella disminuimos también nosotros. Revisa y haz algo al respeto.

Feliz viernes de calidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario