Muchos se burlaban de él. Se ha ganado
el mote de “tonto del pueblo”. Él no se lo tomaba a pecho aunque
a veces le dolía el corazón. Le dolía que no le tenían paciencia
porque las cosas le salían más despacio que al resto de la gente.
Se pasaba los días enteros caminando por el pueblo recogiendo las
sonrisas perdidas, y las esperanzas rotas. Las hacía suyas por eso
para toda la gente que se cruzaba con él tenía una sonrisa. Algunos
decía que una sonrisa tonta, y es cierto que no todas le venían
bien porque no eran de su talla es que sus verdaderos dueños las han
abandonado y él solo las recogía adoptaba y cuidaba para que no
desaparezcan. Las esperanzas rotas las pegaba a sus historias dándole
tantas vueltas que todo el desanimo se cansaba y las historias por
muy complicadas que sean podrían a tener un buen fin. Lo que pasa
que la gente no tiene suficiente paciencia para escuchar el fin de la
historia. No permitas que tus sonrisas se pierdan o desaparezcan,
date tiempo para llegar a conocer el fin de cada historia, cada
proceso en tu vida.
Feliz miércoles de paciencia.

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