En el aire frio, tiritan
unos cuantos pensamientos, esperando, que los dedos congelados, serán
capaces de teclearlos. No tienen prisa, saben que llegará su
momento. Entran en el cuerpo, calentando suavecito como el mate. Con
un poco de ropa, un mate, un café o una infusión, vencemos el fío.
Este frío de afuera no es el peor. El que más daña es él de
adentro. Cuando el amor, el cariño ya se vacían de gestos, palabras
y detalles. Solo queda un poco de costumbre, mezclado con rutina. Una
mezcla poco balanceada y nada nutritiva, además muy difícil de
digerir. Creando un caparazón de indiferencia. Si uno se descuida
invade todo. Esta congelada dureza se disuelve con un poco de mimos,
una dosis de ternura un detalle sorpresa, que hace que el corazón
empieza latir más rápido. El amor traspasa cada caparazón.
Feliz Lunes de Detalles
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