María
cuando se quedaba sola en casa sentía que los vacíos de su corazón
retumbaban en la soledad. Era insoportable para ella encontrarse
consigo misma. Por eso desesperada buscaba mil entretenimientos, se
rodeaba de ruidos. Todo para callar aquella voz. Si la hubiera
escuchado sin ninguna resistencia hubiera encontrado el remedio para
muchos de sus males. Callándola empeoraba las cosas. María todavía
no encontró el placer de hacer caminatas al amanecer. Escuchando la
voz del mundo que despierta, de su corazón que marca el ritmo de su
vida, de su respiración y sus pasos. Caminar sin prisa es
encontrarse con uno mismo y con el universo.
Feliz
Sábado de Encuentros adentro y afuera
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