Ella
ya se harto no pudo más. Sus mentiras eran demasiado mentirosas y
sus engaños demasiado engañosos. Ni intentaba ocultar lo que ella
hace tiempo presentía. Se sacrificó mucho se hacía sorda y ciega
intentando salvar lo que ya no existía. No pudo dejar de sentir. Eso
era demasiado. Le quedaba mucha vida por vivir como mujer entera y no
como un mueble de su casa, siempre callada, siempre doblada mirando
su sombra. Perdió el miedo a la soledad, pues casi siempre el no
estaba. Ni tuvo miedo de ser pobre, hace mucho tuvo que aprender
ingeniarse para sobrevivir y llevar la casa adelante. A él no le
importaba ni preguntaba lo que faltaba en el hogar. Saliendo afuera
pudo respirar. Ser libre y mirar la vida de frente y no con la cabeza
agachada a nadie le puede hacer daño.
Feliz
Martes de miradas de frente a la vida
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