Desde
su sillón, colocado frente de su casa o frente a televisor, en él
que se pasaba sentado la mayor parte de su vida, tenía controlado
todo el mundo que pasaba frente a sus ojos. Sabía todo, ordenaba
todo y dirigía todo. Casi se parecía a un emperador sentado en su
trono, dando ordenes a sus vasallos. Solo se olvidaba de los que
tenía a su espalda. Se olvidaba de su esposa y de sus hijos, que
querría que les dedique el mismo tiempo, que dedicaba a la vida de
otros.
Feliz
Martes de mirar también a los que están a nuestra espalda (y no por
miedo sino cariño)
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