lunes, 21 de octubre de 2013

Obediencia

En su casa había orden, de eso presumía frente a sus amigos. Su mujer y sus hijos tomaban muy en serio cada una de sus palabras. Sabían, que él no echa las palabras al viento. Aprendieron a obedecer, porque la desobediencia se castigaba duro. Dolía demasiado tragar las lagrimas mezcladas con la sangre. Así como duras eran sus palabras, dura era su mano, cuando se enojaba. Era más fácil obedecer callando y agachando la cabeza. Obedecían eso sí, pero no amaban, ni respetaban. Obedecían por miedo. El amor no se pude exigir, solo se puede dar y conquistar. Él hasta su muerte no se daba cuenta del precio que pagaba manteniendo el orden en su casa. Murió solo y en su entierro se derramaron lagrimas de disimulo entre suspiros de alivio. Triste final de una triste vida de miedo y violencia.

Feliz Lunes sin Gritos y Golpes

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