martes, 22 de septiembre de 2015

Dignidad escondida

Su patrona le dijo que se calle. Que debe ser agradecida, porque la llevaron a la ciudad, que gracias a ellos aquí vive entre comodidades. Que no se olvide, que vino a trabajar y no a opinar. Que es una mentirosa. Que su esposo y su hijo mayor son gente buena, no como ella, una muerta de hambre, y que si algo le pasa es porque anda de ofrecida. Ella escuchaba con sus ojos sudados y sentía que con sus lágrimas se había tragado todas sus palabras. No entendía que ha hecho mal, al parecer su vida fue un rosario de errores y el primero y más grave era el atrevimiento de nacer sana, a pesar de todo por lo que pasó su mama durante el embarazo. La palabra papá no tenía ningún significado para ella. Pues no podría ser papa aquel hombre eternamente borracho que golpeaba a mamá y que al final desapareció. A la ciudad se fue, no por necesidad, sino para escaparse de las manos de su padrastro, pero ha caído de mal en peor. Ya se acostumbró, que cuando habla nadie escucha, nadie le cree. A pesar de todo quería vivir. Ya no tanto pensaba en su vida, sino en la de sus hijos, a ellos si va a amar y proteger, ellos no tendrán que vivir nada de eso. Pero antes tiene que cerrar bien la puerta en la noche y aguantar hasta la paga que le prometió la señora, si no habla con nadie. Con la plata podrá comprar billete a su futura vida. No tenía muchas cosas que llevar. La más grande que tenía era la dignidad. Pero eso no lo sabía la patrona.

Feliz martes de atender silencios de los dignos y humildes.

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