La felicidad era muy inquieta. Se parece a un perrito
entusiasmado, que corre y alegra a todos los de la casa. Como entre
semana andamos muy dispersos, la felicidad a veces, aparentemente
abandona unos, para poder acompañar a otros. No se queda en un solo
lugar, al moverse tanto, nos obliga también a nosotros a ser más
dinámicos y avanzar para poder alcanzarla. Los domingos, cuando
estamos juntos, es mucho más fácil para ella a encontrarnos, de
estar en medio entre nosotros. La felicidad está en el proceso, en
el camino, en el encuentro, no solo en el punto de llegada. Date
tiempo los domingos de buscarla, de llamarla, de encontrarla.
Feliz domingo de felicidad.

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