En sus días de entusiasmo quería cambiar el mundo. En sus días
de capa caída, no quería ni cambiar los calcetines, siempre
balanceándose entre el entusiasmo y la desinterés. Sin un claro
motivo cambiando de parecer en un abrir y cerrar de los ojos.
Mostrando interés e indiferencia a la vez, aceptación y rechazo.
Nada se definía y nunca para siempre. Intentaba involucrarse y
participar en todo, al final dejaba plantados a todos y no
participaba en nada. Sus buenas palabras e ideas se quedaban
huérfanas de buenas acciones. Ni ella se entendía, pero siempre
exigía que la entiendan los demás. No tenía paciencia para
escucharse un poco y verse reflejada en el mejor espejo que son los
ojos de los que nos quieren. Trata de ser coherente y consistente,
llevar aunque sea un solo propósito hasta el final. No ilusiones con
tus promesas, si sabes de antemano, que no vas a cumplir. Haz poco,
pero hazlo bien.
Feliz sábado de coherencia.

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