Victor hacía el esfuerzo para escuchar a los demás. Procuraba
poner atención para escuchar sus palabra y descubrir lo que quieren
decir cuando hablan. Siempre tenía alguna queja u observación
acerca de las palabras empleadas y de la forma de decir. Sus
observaciones eran muy certeras y difícilmente se podría refutar lo
que estaba diciendo. Solo que en este afán de escuchar a los demás,
detectar sus imperfecciones y ayudarles a corregirse, olvidaba a
escucharse a si mismo. Y cuando él hablaba muchos sapos y culebras
salían de su boca. Fácilmente se dejaba llevar por la emoción y se
descontrolaba. Entre lo que queremos decir y decimos, queda siempre
lo que escuchan los que nos oyen, y lo que entienden los que nos
escuchan. No tenemos control sobre las interpretaciones de la gente,
pero si sobre palabras y formas que empleamos comunicándonos con la
gente. Habla así como quieres que te hablen.
Feliz jueves de escucha de uno mimo.

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