Sus padres y educadores han hecho lo posible para que ella aprenda
a vivir con la moderación, no caiga en los excesos de ningún tipo.
El propósito de sus educadores fue muy noble, pero el resultado muy
lamentable. Han formado a una persona que medía todo, dosificaba
todo, con el constante temor de excederse. Procuraba tener el control
sobre todo, en cada cosa intentaba trazar bien el límite peligroso
según ella. A la mano tenía palabras que ponían la distancia,
gestos que la tenían alejada. Al parecer gracias a esta actitud nada
malo le ha pasado en su vida, pero tampoco nada bueno. No se ha
permitido ninguna locura, ni una carcajada. Todo parecía desteñido,
sin expresión. La moderación es indispensable, pero nunca debería
ir acompañada de miedo de excederse en la felicidad. Eso es
imposible, nunca hubo nadie demasiado feliz. Solo nos debería marcar
las pautas de uso y consumo de cosas externas, no de sentimientos y
cosas internas. Sé feliz y comparte con los que amas y hazlo sin
moderación.
Feliz jueves sin dosificar los sentimientos.
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