Su celular se llenaba de mensajes, y su corazón de ilusiones. Es
que él le decía tantas cosas y tan hermosas, que nadie antes le
había dicho jamás. Decidió irse con él, pues juraba que la amaba.
En casa de seguro, nadie se va a dar cuenta de su ausencia. Todo lo
que vivía, eran sensaciones fuertes. A veces tenía un poco de
miedo, pero no tuvo a nadie a quien decírselo. Cuando ya estaban
juntos. Él ya no le mandaba mensajes, más bien le mandaba ordenes.
Ya no era su celular que se llenaba, sino su vientre, apagando cada
vez más ilusiones, que tenía en el corazón. Al final, la vida que
tenía, era igual o peor de la vida de la que huía. Ni regando con
las lágrimas su huerta iba hacer que crezca en ella la esperanza.
Ella no tenía la culpa, solo era la victima de unos padres, que
supieron tener hijos, pero no supieron al mismo tiempo ser padres. Sé
atento, ama y acompaña, cuando eres padre, y no seas tan ingenuo,
creyendo en todo lo que encuentras en tu celular, cuando eres hijo.
Feliz lunes de mutuo cuidado.
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