
Se van de nuestras manos, pero de nuestro corazón. Se van de nuestros ojos, pero no de nuestra memoria. Yo no pronuncian nuevas palabras, pero estén presentes en nuestras conversaciones. Decimos que se han ido, sabiendo que de verdad se han quedado. Y una vez por año, en este día vuelven a compartir nuestra mesa, se hacen presentes en nuestro altar. Se sacian de los aromas de los tamales, panes dulces, chichiliques. Se alegran con la presencia de los que quedan y de los que visitan el altar. El vaso de agua que no puede faltar, calma la sed del encuentro y refresca la memoria. “La Pelona” no tiene la última palabra para los que han pasado por la vida dejando huellas de amor y cariño. El arco une de nuevo los dos mundos que nosotros a veces separamos. Trata de dejar tu parte y vivir en comunión con los demás. A veces somos como puentes que unen las dos orillas de la vida y llevamos la memoria de los que pasaron a una orilla a los que apenas están llegando a la otra. Unir, recordar, amar, compartir, caminar eso es vivir.
Feliz miércoles de Xantolo
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