En el reino “No vale la pena” pocas cosas de hacían y muchas
de ellas no se hacía hasta el final. La gente animada por un
instante, muy pronto perdía las energías y las ganas de seguir
adelante porque escuchaban en todas partes “que no vale la pena”.
Algunos se hacían sordos y llegaban a su objetivo, otros intentaban
por un rato remar contra corriente para luego abandonar sus intentos
y dejarse llevar cómodamente por le corriente. Aunque a alguien se
le olvida su aprendida e inculcada convicción de que “no vale la
pena” siempre encontrara a alguien dispuesto recordárselo. El
mundo está lleno de personas que profesan la religión de desanimo.
Excelentes predicadores dispuestos a dedicar su vida a la gran
cruzada de desaliento y pesimismo, pues según ellos, nada vale la
pena. No te dejes convencer. Aunque habrá cosas que realmente no
valgan la pena, otras si valen la pena. Que un simple “no vale la
pena”, no se convierta en comodín para justificar el marasmo de tu
vida. Intenta prueba y verás que si vale la pena.
Feliz sábado de intentos.

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