Siempre
le han dicho, que tiene que tener buenos frenos. Es por su seguridad,
porque los buenos frenos le pueden salvar la vida, la de ella y
también la de los demás. Al verse involucrada varias veces en
situaciones de límite, veía que tenían razón los que la estaban
advirtiendo. Los buenos frenos no eran necesarios solamente en sus
vehículos que usaba. Los necesitaba en la vida misma. Con tantas
prisas ya hace tiempo ha perdido la capacidad de detenerse, de
frenar. No se trata de frenar solo a su cuerpo, porque su cuerpo se
detenía varias veces al día. Aquí se trata de detener sus
pensamientos, abandonar las prisas concentrarse en la vida que
traspasa nuestros cuerpos con la tenue luz de lo efímero e
irrepetible. Para sentirlo hay que parar el cuerpo relajarlo, ser
consciente de su totalidad, clamar nuestra respiración y concentrar
la mirada. Que no sea el movimiento la única señal de tu vida, que
la sientas con todo tu cuerpo ya aprendas a descansar.
Feliz
viernes de buenos frenos.

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