Los miedos cada cierto tiempo querían
apoderarse de ella. No eran solo los comunes de subir de peso, perder el amor,
quedarse sola o perder el trabajo. Había de estos miedos que se clavaban en la
piel y en el alma sin saber de dónde venían y a que llevaban. Miedos que
parecían funcionar como lentes de aumento, haciendo que los problemas se ven
más grandes y las personas amadas más lejanas. Perdiendo la noción de las
dimensiones reales distancias exactas. Los miedos que una vez entrando, si uno
se descuidaba, se quedaban por mucho tiempo echando raíces y desarrollando
diversas ramificaciones. Son como la hiedra que envuelve el árbol subiendo cada
vez más. Cuida tu confianza y seguridad para que no la desplacen los miedos.
Feliz lunes sin miedos.

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