Algo
se le había perdido. No sabía ni
cuándo,
ni dónde, tampoco sabía por qué. Le
decían para consolarla, que las cosas se pierden. No servía un
consuelo de este tipo, porque ha perdido lo que ahora necesitaba
justo en el momento menos oportuno, lo que causa tensión y
desesperación. Las cosas normalmente se pierden por descuido. No hay
más misterio. Si no las lleva alguien, somos nosotros los
responsables de que lo que antes estaba ahora no está, o por lo
menas no está en el lugar en donde siempre estaba. Viendo
las cosas de esta manera, lo que debemos hacer para no perder a nada
ni a nadie es tener más cuidado. Evitar estos descuidos que con
tanta facilidad provocamos y con la misma facilidad tratamos de
justificar con el trabajo y mil cosas parecidas casi nunca
reconociendo nuestra responsabilidad. Trata de vivir sin tantos
descuidos y menos cosas perderás en tu vida.
Feliz
jueves sin descuidos.

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