Era difícil resistirse frente a la belleza
de los amaneceres y las puestas del sol. En pleno campo sin luces eléctricas
alrededor todo se podía ver en su máxima expresión, con toda la intensidad de
los colores. En la noche el cielo se llenaba de estrellas, con suerte podía ver
algunas estrellas fugaces. En estos momentos mágicos de observación en el
silencio de la noche el aire se llenaba de los suspiros de admiración. Sola
aparecía la pregunta ¿cómo todo eso se ve desde allá? Las fotos de espacio y
desde el espacio causan admiración. Es que nos damos cuenta lo pequeño que es
nuestro mundo a pesar de sentirnos grandes y dueños de todo. Quizás para las
estrellas nosotros somos los fugaces. Viendo eso ¿No sería bueno vivir con un
poco más de humildad y respeto hacia todo el universo? Nadie es más que nadie y
nada es más que nadie. Todos somos parte de un mundo y siempre nuestro
conocimiento se limita solo a una parte, muchas veces ignorando a la totalidad.
Feliz domingo de finitud.

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