Los
que ha conocido no se parecían mucho a los que veía en las
estampitas que coleccionaba en su infancia. A veces hasta ignoraba
sus credos en el caso que tuvieran alguno. Lo que no podía ignorar
son sus actitudes frente a la vida y a las personas que les rodeaban.
Es que a veces no hay santidad más grande que la que empuja a ayudar
incluso necesitando ayuda, o a consolar necesitando consuelo. Son de
los que pudiéndose enojar y responder muy mal, sonríen y mantienen
la calma. Los que no desaniman más a los ya desanimados. Que siempre
tienen para otros un saludo, una palabra, una sonrisa y un tiempo
para escuchar, todo eso salpicado bien de respeto que dignifica, más
que de compasión que pueda humillar. Son estos santos que hacen que
este mundo sea más humano, estando ahí donde alguien les necesita.
No esperan premios ni reconocimientos solo quieren ser útiles y
cumplir su misión.
Feliz
jueves de Todos los Santos.

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