En
el camino iba perdiendo a sus acompañantes. Se iban dejando vacíos,
silencios. Parecían desaparecer irremediablemente. Siguiendo la
tradición pensaba que se iban a un lugar lejano, sin precisar la
distancia. Todo tenía sabor a la separación a las lágrimas
amargas. Años de vida caminos recorridos que llevaron a la Huasteca
le hicieron ver que el más allá estaba mucho más acá. Que la vida
y la muerte eran como los dos lados del mismo vestido. Uno visible
otro escondido. Pero siempre unidos nunca distantes. Por eso la
presencia, por eso la comunión. Nadie se va lejos, la única
distancia, la más grande siempre es el olvido. Los que están en el
otro lado de la vida nos dejan ecos de sus palabras, de sus vidas que
siempre podemos ir escuchando. Hoy tienes la oportunidad para invitar
a todos a la fiesta de la vida.
Feliz
viernes de los que están por los dos lados de la vida.

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