Ha vivido
demasiados días sin sabor. Le pasaban como agua entre los dedos.
Nada de lo que encontraba le daba sabor a la felicidad. Una que otra
historia que parecía ser historia de amor, no era más que una
ilusión, que terminaba en lo mismo, lágrimas y reclamos. Con esto
se distraía por un tiempo, hasta rozaba la felicidad, pero no la
podía agarrarla, hacer suya, de alguna manera adueñarse de ella.
Con la felicidad pasa lo mismo que con jugos de frutas. Existen
imitaciones hechas, saborizantes que imitan sabor natural. Todo fácil
y a alcance de la mano, pero ninguno de ellos tiene el valor y sabor
del jugo natural extraído de la fruta. Todos saben eso, a veces
viven entre árboles frutales y sin embargo no lo hacen. Prefieren
comprar algo hecho que imita, en vez de hacerlo ellos mismos. Lo que
pasa que buscamos evitar el esfuerzo. La felicidad sin esfuerzo no
existe. Solo se puede tener imitaciones hechas, que tienen duración
y validez muy limitada y al final en vez de dar la felicidad, la
quitan y empobrecen todavía más.
Feliz jueves
de esfuerzo.

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