Ella ya se
cansó de él. Porque sus “para siempre” y “nunca más va a
ocurrir”, o “eso no se va a repetir” no duraban ni hasta
siguiente fin de semana. Por más que jurara e hiciera promesas, las
cosas volvían a ser igual. Ella soñaba con una vida feliz, lo amaba
a él, pero dudaba si él la amaba a ella de igual manera y con la
misma intensidad. Tenía la sensación, que él la trata como alguien
de su propiedad y no como una compañera de camino de la vida. Ella
si que tiene que cumplir lo que él le pide. Él se ocupará de lo
que ella le pide cuando va a tener tiempo, y pocas veces lo tenía.
Porque el trabajo, porque las reuniones, los amigos, la cancha…
Siempre algo… Ella yo no se tragaba las excusas baratas y las
promesas vacías. Así no podían seguir más. Necesitaban sentarse,
sincerarse y ver sus prioridades, proyectos, compromisos y llenar sus
palabras y promesas de contenido real. No seguir tirando frases
hechas y reclamos silenciados o peor todavía llorados en soledad.
Nunca prometas lo que no tienes la más mínima intención de
cumplir, ni asegures lo que ignoras. Se honesto con otros y contigo.
Feliz martes
de honestidad.

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