Su agenda
estaba a punto de reventar. En situación similar estaba su cabeza y
su corazón. Parecía que en sus días no cabía ni un alfiler. Con
todas sus fuerzas intentaba cumplir con todo y con todos. Era
responsable y dedicada. La admiraban y a veces abusaban de su bondad,
porque la respuesta “no” no se pintaba en sus labios. Apuntaba
todo, para no olvidar ninguno de los detalles y a pesar de eso se le
olvidaba de algo… olvidaba ser feliz, cumplir con ella misma. Darse
el gusto, darse el tiempo, mimarse un poco. Sus metas se adelantaban
varios años en el futuro, ignorando el aquí y el ahora de su vida,
de su realidad. Capaz de sacrificarse para otros, no era capaz de
sacrificarse para ella misma. No olvides que para llegar a la meta
tienes que cuidar cada uno de tus pasos. Sé feliz ahora para poder
ser feliz mañana. Así como otros necesitan de ti, tú también
necesitas de ti y de ellos. Cuidando la felicidad ajena no descuides
tu propia. Eso no es egoísmo, es necesidad. Para poder seguir dando,
antes hay que tener.

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