Todos
admiraban a Celina porque no envejecía y ya no era una jovencita.
Hubo algo que la volvía radiante. Su luminosa sonrisa deslumbraba
sobre salía por encima de cualquier posible marca que dejaba en ella
el innegociable paso del tiempo. Ella siempre decía que estaba
envejeciendo como todos, pues no es nada de otro mundo. Tenía razón,
cambiaba como todos aunque si se cuidaba mucho, lo que no envejecía
en ella era su esperanza. Esa la tenía intacta a pesar de mucho uso
y del paso de los años. Sabía esperar si angustiarse, y para eso
siempre aclaraba a si misma qué es lo que espera. Trataba no crearse
falsas ilusiones. No delegaba las responsabilidades que a ella le
pertenecían así que cuando algo en su trabajo fallaba no buscaba
culpables, ni echaba la culpa a nadie. Toda la vida fue convencida de
que lo que la vida tiene para ella es bueno aunque no siempre se daba
cuenta de inmediato. Mantén fresca tu esperanza, para eso mezcla
una dosis diaria de realismo, optimismo y confianza.
Feliz martes
de esperanza.

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