Decía que le faltan tantas
cosas. Era capaz de enumerarlas de corrido, sin pestañear. Hacía
todo tipo de esfuerzos y sacrificios para conseguir lo que según
ella le faltaba. Los esfuerzos traían frutos. Toda la ansiedad se
descargaba en los maratones de compras. El placer de colocar algo en
su carrito de compras duraba muy poco, era muy efímero. Es que lo
que compraba, no le hacía compañía, no hablaba con ella ni
escuchaba sus problemas, no se interesaba como se siente. Se quedaba
guardado en el rincón de olvido en donde guardaba todo lo que le iba
a servir pero nunca servía. Lo que realmente le faltaba no eran las
cosas sino las personas. No encontraba la manera de contactar
compartir con ellas. Era mucho más fácil, menos riesgoso comprar
cosas que hablar con las personas. No se imaginaba que en una
situación parecida a la de ella hay mucha gente a su alrededor. Solo
hay que abrir las puertas, encontrar lugares de encuentro y mover la
voluntad hacia el voluntariado que es capaz dar sentido, llenar
vacíos y ponernos en el camino del encuentro. Lo mejor de todo, sirve
para todas las edades.
Feliz sábado de
voluntariado.

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