Se envejeció a tiempo, cuando en el mundo había
menos cosas para mirar y más para escuchar. Sentada en su sillón
preferido, más viejo que ella mima, despacito cosía palabras. Las
juntaba, las probaba para ver como quedan y así confeccionaba
historias completas. Sus recuerdos, como filigrana, adornaban las
largas tardes de invierno. Cuando venían sus nietos, hambrientos de
sus historias, la buscaban se sentaban a sus pies y la escuchaban.
Los que vienen hoy, ya no buscan sus palabras cosidas, buscan la
señal, para estar conectados como dicen...
Feliz Viernes de Coser Conversaciones.
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