No era artista, eso pensaba, o tal vez eso le hacían pensar,
porque cuando eres pobre a lo sumo puedes ser artesano, no artista.
No le interesaba vender sino crear y creaba expresando lo que llevaba
dentro. Cantaba porque su canto espantaba las lágrimas y a veces les
ayudaba a salir cuando demasiado se aprisionaban. Su cantar la
obligaba respirar, y respirar bien le calmaba el cuerpo y alma,
dándole más calma y energía. Lo que ella hacía, lo hacía por
necesidad de hacer, sin buscar los beneficios, reconocimientos, ni
grupos elitistas de amigos o admiradores. Lo suyo eran los
sentimientos, pero no manipulados, adornados o exagerados, sino los
vividos a flor de piel. Solo estos se pueden expresar y compartir
siendo entendida, sincera, contagiando el amor a la vida. Lo que
haces hazlo de corazón, sé artesano de tus sentimientos, no los
vistas, ni adornes demasiado, no te hagas actor dramático.
Demasiados adornos pueden volver a tus sentimientos irreconocibles.
Feliz viernes de artesanos de sentimientos.
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