El abuelo Ignacio les contaba a sus nietos, que existe lugar más
triste que los cementerios. El lugar a donde se van las palabras no
usadas. Ellas deseaban tanto ser pronunciadas, ser sembradas en las
conversaciones, para que de ellas pueda brotar el cariño y nacer
muchos frutos de amor y amistad. Al no ser pronunciadas, se quedaban
estériles, condenadas a soledad y silencio seco, sin sombra de
abrazos. Las palabras se quedan acurrucadas en la constante y a veces
eterna espera de ser recogidas por sus dueños y dueñas, porque
nunca es demasiado tarde para recogerlas y hacerlas sonar. Siempre
con la esperanza que sus dueños y dueñas no se olvidaron de su
existencia. No permitas que tus palabras de cariño se vayan al lugar
de olvido, siémbralas durante toda esta semana y recogerás muchos
frutos.
Feliz lunes de sembrar las palabras.

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