Los juguetes no cabían en su mundo. Un
mundo lleno de obligaciones compromisos y preguntas. Detrás quedaba
la niñez y no entraba todavía en vida adulta, por lo menos como se
la había imaginado. Pensaba que siendo adulto va a saber qué debe
hacer y que no va a tener miedo. Nada de eso le pasaba. Muchas veces
no sabía qué debería hacer, todo lo que sabía no le servía para
dar una respuesta a las preguntas que tenía en este momento de su
vida. Sentía que su conocimiento debería adecuar más a la realidad
en la que vivía. Podría ser un caso más de una excelente
educación, totalmente equivocada e inútil. Mucha teoría en su
cabeza desconectada totalmente de la práctica. Hasta que no llegue
el día en el que sabremos qué hacer con nuestros sentimientos, y
como encontrar las respuestas a nuestras preguntas, no podremos decir
que tenemos una buena educación, suficiente conocimiento y una
sabiduría que nos acompaña cada día y ayuda a enfrentar a los
diferentes desafíos.
Feliz martes de buena educación.

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