Esperaba un buen momento para decírselo.
No tenía bien claro lo que era un buen momento. Si se trataba de
evitar una reacción a lo que decía, eso era imposible. Siempre
alguien le iba a responder o cuestionar sus palabras. Puede ser que
el buen momento sería aquel en el que no hay ninguna distracción y
lo que decía va a ser escuchado con respeto y atención. Parecía
muy cierto y razonable este enfoque, este principio, para hablar de
un buen momento. Tal vez faltarían otras condiciones no menos
necesarias para hablar bien, comunicar, entre ellas es importante el
estado emocional del que habla y del que escucha. El buen momento es
aquel en el que las dos partes están tranquilas, no molestas, ni
nerviosas, cómodas y sin ninguna prisa. Mira bien lo qué vas a
decir, cuándo lo vas a decir y dónde lo vas a decir. Evita prisas,
pasillos, discusiones acaloradas, distracciones, para comunicar cosas
personales íntimas y fundamentales sobre tu vida, tus proyectos, tus
sentimientos, tus dudas, tus preocupaciones, tus miedos y tu salud.
Se merecen momentos y espacios adecuados.
Feliz domingo de buenos momentos.

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