Se levantaba temprano cuando sus miedos
estaban aun profundamente dormidos. Trataba de no hacer mucho ruido
para estar libre de ellos aunque sea por unos minutos cada mañana.
Lo primero que la invadía era una total sensación de paz. Sin sus
miedos no sentía ni apuro ni tensión. Otra cosa que podía
experimentar era una confianza que le ayudaba ver sus capacidades y
medirlos con el trabajo que le tocaba a hacer. Este trabajo que con
tanta frecuencia provocaba su desesperación y la llevaba al borde de
lágrimas, sin miedos parecía muy diferente, aunque exigente posible
de hacer con calma. Los miedos dormidos mucho tenían que ver con
falta de fe en sus capacidades, posibles errores y preocupaciones por
reales o imaginarias opiniones de los demás. A veces la única cosa
que se debe hacer es tratar de no despertarlos. Hacer sus cosas sin
mucho ruido y ver los resultados sin esperar las opiniones.
Feliz domingo con miedos dormidos.

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